martes, 18 de mayo de 2010

El nuevo profesional: el periodista digital


Los emisores tradicionales de información de actualidad, los periodistas, han visto cómo ha surgido un nuevo medio caracterizado, como acaba de exponerse, por una interactividad tal que fragmenta la línea divisoria tradicionalmente interpuesta entre el emisor y el receptor de la información.
Desde esta perspectiva, puede pensarse que algunos roles tradicionales del periodista se ven superados por otros nuevos cometidos más adaptados a la naturaleza del nuevo medio y a la evolución de los diferentes actores que conforman la comunicación digital. En esta línea, el rol del periodista como gatekeeper, como vigilante que filtra la información, pierde fundamento con la llegada de los medios interactivos, en la medida en que los usuarios pueden por sí mismos escoger aquello que necesitan para estar informados.
La consecuencia de esta autonomía del usuario es la reinterpretación del rol del periodista, de modo que el papel de vigilante se ve enriquecido con nuevas funciones relacionadas con el control de la calidad y la habilidad para elaborar una información completa y con criterio. De ahí que no se pueda hablar de la desaparición de la figura del periodista como filtro informativo, sino de su adaptación a la realidad de los medios digitales, de sus mensajes y de sus usuarios.
El perfil del nuevo periodista digital ha de distanciarse del mero elaborador de contenidos, puesto que eso ya lo hacen otros muchos usuarios en la web, y debe distinguirse por ser un profesional que técnica, profesional y éticamente desarrolle su compromiso social en un nuevo medio que por primera vez permite una comunicación documentada y participante. Como apunta Salaverría: “El perfil de los periodistas del futuro [debe ser] un perfil ligado no sólo como hasta ahora a la creación de contenidos sino, cada vez más, a la gestión de la información. La maraña de contenidos que supone Internet para cualquier usuario inexperto reclama profesionales especializados en crear pero también en analizar y jerarquizar la información” (Salaverría, 2000).
Lo cierto es que en este punto, como en otros muchos, suele existir un distanciamiento entre la reflexión académica- que se encamina hacia el deber ser profesional- que muestra la realidad periodística-. Así, y según la encueta elaborada por los organizadores del Congreso de Periodismo Digital que anualmente se celebra en Huesca, el perfil del periodista digital en España es el de un licenciado, en torno a los 26-30 años, con menos de tres años de experiencia en su medio. Se trata de un profesional que cobra menos de 20.000 euros anuales, y, en todo caso, siempre menos que sus compañeros de cabecera tradicional. El periodista digital trabaja en una redacción compuesta normalmente por menos de cinco periodistas, mantiene una línea editorial independiente aunque, en caso de conflicto sobre la publicación de un contenido digital, pesa más la opinión del jefe de la cabecera tradicional (Congreso Periodismo Digital, 2005: 4-5).
Esta radiografía, no obstante, conviene dotarla de contenido. Es por ello que, fruto de las peculiaridades del medio y de la naturaleza del mensaje, el periodista digital ha de desarrollar una serie de destrezas y habilidades, aunque sin perder de vista su autentico fundamente: “¿Qué necesita un periodista para escribir bien en Internet? Algo complicadísimo: saber escribir bien, a secas” (Salaverría, 2005: 67).
A la hora de sistematizar las cualidades del periodista digital, hay que partir de una base cierta, y es que el periodista es ante todo periodista, independientemente del medio en el que vuelque su trabajo. Ahora bien, dadas las peculiaridades del medio digital, el periodista en red debe adquirir unas habilidades que le permitan extraer el máximo provecho de sus medio. Algunas de ellas son las siguientes (Gil, 2004: 83-85):
1. Nadar en información: si el periodismo tradicional parte de la idea de que la información es un bien escaso, en el digital se trabaja desde el extremo opuesto, es un entorno de superabundancia informativa. Ante esta avalancha, el periodista debe agudizar sus criterios de selección, de jerarquización y de organización de fuentes, y habituarse al entorno de superabundancia mediante la búsqueda, el reconocimiento y el empleo de los mejores recursos. La selección y la valoración de las fuentes, en todo caso, es una tarea tradicional de cualquier informador. Sin embargo, las peculiaridades del periodismo en Internet exigen al profesional estrategias para evaluar la enorme cantidad de fuentes disponibles. Algunas de estas pautas son la confirmación de la autoría de cada página, el análisis de los títulos de cada página o la descomposición de las direcciones (Callahan, 2003: 14-16). Asimismo, a la hora de seleccionar recursos de la red, conviene partir de dos cuestiones preliminares: ¿qué es lo que buscas? Y ¿dónde puedes encontrar lago parecido?, de modo que se limite el recurso de los directorios o buscadores sólo cuando no sepamos hacia donde dirigirnos (ibid.: 67-69).
2. Buscar fuera de la red: el hecho de que el periodista digital emplee Internet como fuente de información no le excluye de la consulta y el uso de cualquier otro tipo de fuente documental. El periodista deberá optar por aquellas fuentes más completas, fiables y actualizadas, se encuentren o no en la red.
3. Preparar el self-service: el periodista debe fomentar la accesibilidad a sus fuentes de consulta, las que considere más útiles para el usuario, para posibilitar que, quienes así lo deseen, puedan profundizar en la información buceando hasta las fuentes originales. Este gesto otorga un plus de credibilidad a la información, al periodista y al medio digital.
4. Metainformación para metamedios: el periodismo digital, para convertirse en un medio económicamente rentable, debe plantearse, entre otras cosas, un aprovechamiento de los recursos informativos, de modo que cada información sea susceptible de poder publicarse en diferentes soportes- prensa digital, PDA, telefonía móvil, etc.-. Sin embargo, esta optimización no puede ser la carta abierta para reducir plantillas, restar cualificación a los periodistas para convertirlos en burócratas de contenidos, y, a la larga, desprestigiar la forma de hacer periodismo en el nuevo medio, basado en la integración de superficialidades y no en la especialización en distintos ámbitos del conocimiento.
5. Dinamizador de la inteligencia colectiva: el periodismo digital que trabaje con unos usuarios de alto nivel de actividad y participación, con interactores, deberá no sólo ser capaz de transmitir la información más idónea y personalizada a sus intereses, sino también potenciar las posibilidades de cada uno de los usuarios, partiendo de la base de que “todo el mundo sabe algo […]. Una sociedad ‘inteligente por doquier’ será siempre más eficaz y vigorosa que una sociedad inteligentemente dirigida” (Lévy, 1998: 102-103).
6. Más que un redactor: puesto que la red es un medio multimedia, el periodista ha de contar informaciones construyéndolas a partir de los recursos textuales, sonoros, audiovisuales y documentales que mejor se adecuen a la realidad. Ello no quita que el todavía lento desarrollo de las infraestructuras haga que muchos medios sigan primando la información textual, por ser la que más rápidamente navega. Sin embargo, la excusa de las infraestructuras no puede ser óbice para no ensayar modelos de escritura que plieguen adecuadamente la información hipertextual.
7. Editar es publicar: la red es un medio de comunicación instantánea, lo que altera las rutinas de los medios tradicionales, condicionados por la periodicidad, por los boletines, por las distintas ediciones. Esto, que aparentemente es posible que suponga un valor añadido, puede trocarse en desventaja, puesto que la sencillez con que se suben informaciones a la web, y la inmediatez que las empresas exigen a sus profesionales para colocar las noticias antes que ningún medio, provoca que el periodista pierda su capacidad de reflexión, de contraste de fuentes y de análisis previo a la publicación de la información. Más aún en un medio en donde fluyen un número ingente de rumores, de datos incompletos que pueden tiranizar el trabajo del periodista, sacrificando su criterio en aras de la rápida edición de la noticia, incluso cuando más tarde haya que matizarla, completarla o, peor aún, desmentirla.
8. La vigencia, casi tan importante como la actualidad: la capacidad de memoria de la red puede degenerar efectos contraproducentes. Al escuchar la radio, ver la televisión o leer un periódico, sabemos que ofrecen información que es actualidad o, al menos, la actualidad que manejaban hasta el momento de cerrar el producto. La red, en cambio, produce información constantemente, sin tener que esperar a ediciones predeterminadas. Sin embargo, mientras que en los medios tradicionales el flujo es sustitutivo-un boletín corrige al anterior- en Internet, el flujo es acumulativo. Los contenidos, por tanto, de los medios digitales han de relacionarse con su vigencia, qu no alude necesariamente a que la información sea reciente- por ejemplo, la vigencia de la información de un nombramiento que fue hace un año-, sino a la constante actualización y la datación de las noticias.
9. Gestión del caos: la red es caótica, es un rasgo que la caracteriza y que muchos defienden como idiosincrásico, puesto que recuerda sus orígenes contraculturales y libertarios. El periodista bucea en este caos, trata de no naufragar en el diluvio de información, y procura gestionarlo, como representante del derecho de inmersión en el caos informativo que poseen las personas que tienen acceso.
10. Gestión de interactividad: la interactividad afecta a los usuarios, a los mensajes y al periodista porque el medio es interactivo. El periodista, por ello, tiene que facilitar y abrir todos los cauces que la promuevan: interactividad entre los usuarios, de los usuarios con las fuentes, con los propios periodistas y con las informaciones.
11. Gestión de la documentación: es el medio que más posibilidades documentales ofrece, al poder combinarse con bases de datos, hemerotecas, fuentes oficiales y especializadas, etc. Es la apuesta por ofrecer un medio que verdaderamente documente su información y que ofrezca a sus usuarios información de calidad, recuperable en cualquier momento y con un nivel de profundización y documentación no conocido. Por tanto, el periodista ha de jugar con la oferta de enlaces, basada en un trabajo previo de análisis, documentación y navegación activa.
12. Diseño de información por capas: como ya se ha mencionado, existen usuarios que surfean por la red- se mueven por su capa más superficial y precisan información básica- y usuarios que bucean por la red- en la búsqueda de profundizaciones, análisis e informaciones más complejas-. Para atender a estas distintas necesidades, el periodista ha de construir informaciones con distintas capas, las primeras, con información actualizada, sencilla y gratuita, y las capas posteriores, con contextualizaciones, análisis, fondos retrospectivos y datos sensibles que pueden ser de acceso restringido. Las estructuras narrativas tradicionales, empleadas en la primera fase de implantación de los medios digitales como mímesis de las formas ya ensayadas sobre todo en la prensa, han de dar paso a formas de narración adaptadas al nuevo medio, a los mensajes y a los distintos usuarios.
13. Parte del engranaje: el periodista digital ha de coordinarse con profesionales muy cercanos y necesarios para el ejercicio de su trabajo, como son los documentalistas o los informáticos, con quienes tendrá que trabajar cooperativamente, puesto que para explotar al máximo las propiedades de la información digital es obligada la integración de los conocimientos de estos profesionales. De hecho, el informador adquiere ciertos hábitos informáticos y diversos matices documentales, que enriquecen, sin difuminar, su perfil.
Paralelamente, las habilidades profesionales han de acompañarse de unos códigos ético, puesto que los que diferencia al periodista de un hacedor de contenidos es su compromiso social, compromiso que ha de revalidarse a partir del sentido que dé a su tarea cotidiana.
El periodista digital, como cualquier informador, ha de fundamentar su trabajo en los valores éticos, vocacionales y personalistas que sostienen su trabajo diario, más allá de sus conocimientos y sus habilidades y destrezas. La complejidad del nuevo medio digital, en donde las fuentes son numerosísimas y resulta complicado reconocer su autoridad, su validez y credibilidad; donde los usuarios pueden lanzar sus propios mensajes y quitan al periodista la exclusividad de la transmisión de información; en donde las comunicaciones tienen alcance global y se establecen entre ciudadanos de diferentes lugares, con distintas regulaciones jurídicas, demanda la rápida incorporación de un código ético que fundamente el sentido final del trabajo periodístico. Esta necesidad es apreciada por Josep María Casasús, quien no duda en determinar que “lo único que puede identificar a los periodistas con respecto a otros informantes que actúan en la red es el compromiso ético solidario y progresista con la realidad y con la voluntad de obtener la descripción más fiel posible de la verdad por la vía del más amplio consenso de percepciones” (Casasús, 2001: 51).
El compromiso ético del periodismo digital debe emanar de los principios básicos que rigen la profesión, si bien han de adaptarse al contexto de sobrecarga informativa actual. Para Casasús, dichas obligaciones son, entre otras, la selección responsable de información cada vez más abundante que transita por la red, o la confirmación de la veracidad de los contenidos digitales (ibid.: 52).
En suma, el profesional digital tendrá que adquirir unas destrezas profesionales nuevas y aferrarse a los principios éticos que rigen la profesión periodística, buscando en su sentido vocacional, personalista y ético las bases sobre las que apoyar un ejercicio vocacional, personalista y ético las bases sobre las que apoyar un ejercicio profesional caracterizado por el diluvio de información caótica, la concentración de medios y el desconcierto de los usuarios, que le reclaman al periodismo digital la promoción de un periodismo más completo y comprensible, y al periodista, un nuevo compromiso profesional y un refuerzo de su sentido ético.

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